El cerebro de una persona que está en una relación a largo plazo –es decir, que está enamorada– funciona a tres niveles: atracción sexual, atracción romántica y vinculación emocional. Cada uno es responsable de uno de los tres tipos de amor que se sienten por una persona cuando la elegimos para que sea nuestra pareja.
Estos sentimientos son regulados mediante diferentes químicos que produce el cerebro, una especie de cóctel que permite que prevalezcan las relaciones a largo plazo. Si bien al tener una relación monógama podemos tener las tres zonas, lo cierto es que esto no suele suceder, y por esa misma razón podemos estar enamorados de una persona pero mantener relaciones sexuales con otra, sentir cosas diferentes por varias personas. A esta teoría se la conoce como la de los tres cerebros.



